Rama Consagrada Femenina

 LAS HERMANAS CONSAGRADAS

 

Profesando los tres votos, los hermanos y hermanas consagrados abrazan de manera más estrecha la forma de vida que llevó Cristo en este mundo. Manifiestan de esta manera la vocación de todo cristiano a dejarse desposar por Dios.

“Los consejos evangélicos expresan la ofrenda de nosotras mismas a Cristo y a su obra de redención, porque están fundados sobre las palabras y los ejemplos de nuestro Señor”. (Directorio Hermanas 2).

“La castidad es un don particular de la gracia por el que nos adherimos a Cristo con un corazón sin división, viviendo de la promesa de Jesús: ‘Bienaventurados los corazones puros porque verán a Dios’ (Mt 5,8)”. (Directorio de Hermanas 4).

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de Dios” (Mt 5,3). La vida en el Espíritu nos enseña a dejarlo todo para seguir a Cristo. Siguiéndolo, queremos ser pobres en espíritu y pobres materialmente para asemejarnos cada vez más a Aquél que, “se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (2 Co 8,9)”. (Directorio Hermanas 12).

 

“Por la profesión del consejo de obediencia, seguimos de manera particular a Cristo, quien se sometió a la voluntad del Padre por la salvación del mundo. Con un corazón preparado, buscaremos la voluntad de Dios en cada ámbito de nuestra vida. El consejo de obediencia favorece la libertad interior, característica de los hijos de Dios y la capacidad de entregarse en el amor”. (Directorio Hermanas 19).